Mostrando entradas con la etiqueta abade. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abade. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de septiembre de 2015

Un mes con mas bolos, que una bolera

Tras esa primera semana, donde todo salió a pedir de boca, llegaba el cambio de zona, buscando palpar nuevos lugares, para buscar y repetir con buenos peces.

Los comienzos de este, podemos decir no aparentaban ser tan malos, como al final acabarían siendo...

Las zonas que tanteamos este periodo de tiempo, fueron muy muy diversas, desde grandes fondos, a zonas someras en su totalidad. Las primeras intentonas se declinaron en la búsqueda de bonitos espumeros, al amanecer y atardecer, y de esos peces que los habitan.

Tras un par de buenos madrugones, obtuvimos el primer premio de todos. Un precioso amanecer rodeado por una densa bruma, y mi primer pejerrey en una zona inexplorada por un servidor hasta la fecha, eso sí, no era nada gigante, pero al menos, me saco una pequeña sonrisa de mi rostro, tras un par de intentonas fallidas.

 
 
A la vista de que esta nueva zona, podría ser propicia, pocos días después volvimos, de nuevo madrugamos como un burro, para poder llegar a la hora clave al lugar. Esta vez cambiamos a otro caletón no muy lejano, donde pudimos también gozar de captura. Y de la mejor forma posible, a superficie.

A primera hora, con unas buenas holas azotando el roquedo, mi WTD 11O vuela sobre ellas, trayéndolo como si un pencil se tratase, y cuando aparto la mirada de este un momento, veo que estoy pegado (aun desdicho no haber podido divisar el momento). Una pelea corta, pero muy bonita, acaba por regalarme otro pejerrey (este algo mayor que el anterior). Las sensaciones que proporciona esta especie en superficie, aunque los ejemplares no sean gigantes, es toda una maravilla.


 
 
Tras esto, me toco pasar una semana con diversas jornadas, de nuevo en compañía. Normalmente suele ir en solitario por los roquedos, pero pude pasar un par de días acompañado de mi amigo Rayco, donde pasarón algunas cositas que comentar...

La primera de estas jornadas, un tiempo horrible nos englobo. La mala mar, el viento, y lo mas sorprendente, una lluvia impresionante nos limitaba mucho las opciones. Así mismo, nos vimos relegados a buscar algún sitio donde poder, y nos llevaríamos una gran sorpresa.

Rodeados de truenos y rayos, estamos dándolo todo a pie de mar, y se produce algo impresionante. Lanzó a una zona muy muy somera, y ni 3 toques tras cerras el pick up, siento una fuerte represión, que va acompañada de una de las carreras mas brutales que jamás he vivido. Completamente en horizontal, el bicho corrió y corrió, y no paró hasta que destrozó todo. Dejo mi triple como un cachito de alambre, una pasada, sospechamos claramente su identidad, pero jamás sabremos a ciencia cierta que era...

 
 
Después de esto, logicamente, no íbamos a quedarnos mucho tiempo sin repetir, y al día siguiente ya estábamos en la zona. Pero esta vez, la mañana completa la tuvo Rayco, tal y como le dije tras haberse pillado una nueva caña: -¡caña nueva, estreno seguro!-
 
Y así fue, en los primeros lances ya logró cosechar el primer pejerrey de la mañana, una pieza muy maja. Pero poco después aparecería la big mama... Otras vez a Popper, tiene una gran clavada, y tras un poco de incertidumbre, vemos al contrincante, un pejerrey alucinante, que casi seguro pasaba las dos cifras, un monstruo. El animal peleo de modo soberbio en una cuarta de agua, y ya al final, cuando estaba sobre las rocas, logro romper el hilo y una hola lo devolvió a su casa. En ese momento, además del mosqueo, solo deseabamos que ese bicho se lograse liberar de la única potera que le mantenía preso... Pero el mar poco después recompenso a Rayco, con un bicho mas que majo, esta vez a minnow. Sin duda, una de sus mejores jornadas de pesca, ¡Felicidades!
 
 


 

Tras esta genial jornada, toco uno de los parones mas fuertes del verano. Mas de una semana sin ninguna novedad por las orillas, hasta que tocó la última pesquita con Rayco en la isla. Nos movimos esta vez a otra zona, ya que el mar lo permitía, pero lo malo no venía del mar, sino del cielo. A nuestra llegada vimos como unas nubes a lo lejos se acercaban peligrosamente, y estas acabarón llegando a nuestra posición, descargando toda su agua, lo cual nos obligó a parar momentáneamente y refugiarnos de esta, aunque nos calo hasta los huesos de todas formas.
 
Tras este rato, volvimos al ruedo con el parón de la lluvia. La inactividad era absoluta, hasta que veo un lugar similar a donde perdi el gran pez días atrás. Al primer lance clavo, algo sale y se enroca en el momento. Ahí aprovecho las olas a mi favor, soltando hilo para que el animal saliese de su escondite, lo cual a la segunda intentona, se hiso eficaz. Un bonito abadejo fue el encargado de salvarme, una semana después del bolo, tal y como pasaría temporalmente cerca con un baby de la familia.
 



 
 
Ya después de estas piezas, se produciría un parón sin precedentes, mas de 10 días, donde únicamente logramos algún llavero en forma de pejerrey. La cosa pintaba muy muy mal, pero en el descuento, logramos salvar la papeleta. Pero eso ya toca otro día...
 
Un saludo a todos y buena pesca !!
 

lunes, 11 de mayo de 2015

Guardando distancias

Parece ser que esta vez no salió todo como parecía, puede que fuese el tiempo, mas bien la época, realmente carezco de una conclusión apropiada, pero hace mucho no las pasaba tan "canutas" en el paraíso para lograr capturar.

Y es así, el mar sabe mas por viejo que por sabio, y si este no quiere, no quiere.

Hace unos días me escape de fin de semana al paraíso, una escapadita fugaz antes de dedicarle todo mi tiempo temporalmente a la universidad, y así poder desconectar de todo. La llegada resultaba alentadora, las condiciones parecían ser las idóneas, pero los peces no estaban ahí.

Donde siempre los veías, ahora estaban ausentes, y el panorama inicial era muy complicado. Incluso esta situación me dio que pensar: ¿necesitaría la acción de eolo para ver peces?

¿Cómico no? siempre quejándome de él, y ahora pensaba seriamente si sería necesario que apareciese para así hacer eficiente algún que otro resultado. Al día siguiente parece que me escuchó.

Llegaba con el sol en todo lo alto, con una fuerza que rajaba las piedras y un viento infernal, -¡ahora si estoy en casa!- me decía yo por esos momentos. Comencé a lanzar y lanzar, caminar y caminar, viendo las horas pasar y pasar, y sin resultado alguno.

En esos momentos donde parece que no hay salida, parece que el cerebro actúa y busca entre sus recuerdos, y de ahí salió mi haz de esperanza. Un pequeño e inospito pesquero vino a mi memoria. El día perecía, me quedaba poco para actuar, y en vistas de lo ocurrido antes, me decanté por probar allí.

Comienzo el camino a través de puro desierto canario, el viento levantaba la graba y los cantos a mi paso, y entre tanto y tanto, pensando en mis cosas, avisté el lugar.

Como de costumbre estaba desierto (y que siga así). Al verlo me dije: -¡toca mojarse!-

Por suerte el agua ya estaba mas caliente en relación al invierno, y ya no es tan horrible pescar con un bañador y agua hasta la cintura. Comienzo a caminar la colada volcánica hasta llegar a su final sumergido y comienzo a lanzar.

La Skirmjan hace esfuerzos para ganarle la batalla al viento, y lo va logrando. Lanzo, animo mis artificiales, y entre tanto y tanto, mi vista se enfoca en una oquedad situada bajo mis pies. Algo asoma de ella, desconozco que puede ser, pero estaba dispuesto a descubrirlo.

Lanzo y dejo mi artificial justo delante de esa mancha marron, vasta un leve toque para que esta mancha marrón se precipite sobre el artificial y me regale mi primera arqueada decente en la skirmjan. Un par de bombeos y logra sacar de su escondite al señorito. Un precioso abade avecina sobre la superficie del agua, lo agarro, lo fotografío, lo beso y lo suelto.



Y, así mismo, guardando las distancias, concluye un viaje express al paraíso, donde me ha vuelto a demostrar que si algo quieres, debes pelearlo con uñas y dientes, dándome ya solo ganas de que regrese la época de mi próxima incursión sobre este terreno árido y que tanto amo.

¡Un saludo y buena pesca!